Análisis paso a paso de un intento de estafa de €4.000 por suplantación en WhatsApp dirigido a un familiar cercano. Cabeceras, infraestructura del atacante y aprendizajes operativos.
Recientemente, un familiar cercano fue objetivo de un intento de estafa digital en el que los delincuentes intentaron robar 4.000 € haciéndose pasar por mí en WhatsApp. Pude reunir evidencias de su forma de operar y entregarlo todo a las autoridades. Comparto la experiencia y el análisis técnico para concienciar y demostrar cómo trabajan estos grupos.
Los estafadores se hicieron pasar por mí en WhatsApp diciendo que se me había roto el teléfono y que necesitaba dinero urgente.
Primero solicitaron una transferencia de 500 € por Bizum a un número supuestamente perteneciente a «un amigo mío». Después, aumentaron la presión, llegando a pedir hasta 4.000 €.
Durante la conversación facilitaron hasta cinco cuentas bancarias diferentes para intentar recibir el dinero. Tras mi investigación, descubrí el origen y lugar de registro de cada una:
El uso de varias cuentas demuestra que esta red dispone de infraestructura para evitar bloqueos inmediatos.
Cuando mi familiar me informó de lo ocurrido, decidí lanzar una investigación en varias fases.
Utilicé SMS spoofing controlado para enviar un mensaje al número vinculado al Bizum, simulando que provenía de su propia red de contactos (el otro número que teníamos, perteneciente a otro estafador). El SMS contenía un enlace de tracking.
Resultado: los atacantes abrieron el enlace, lo que me permitió registrar su IP real, dispositivo, navegador y geolocalización exacta durante dos horas.
A continuación realicé un análisis OSINT cruzando las IPs con varios repositorios. Encontré coincidencias con emails y credenciales asociadas a esas mismas IPs, así como nombre completo, apellidos y dirección pública de tres individuos.
Esto indica que los miembros de la red no son actores sofisticados, ya que dejan huellas en servicios comprometidos.
Este caso confirma lo que vemos cada día en ciberseguridad: la tecnología y la psicología van de la mano en los esquemas modernos de fraude. La clave está en la educación, la prevención y, cuando es posible, la investigación y denuncia.